Cita

Un libro abierto es un cerebro que habla; Cerrado un amigo que espera; Olvidado, un alma que perdona; Destruido, un corazón que llora
PROVERBIO HINDU

martes, 27 de noviembre de 2018

FALLO DEL 1º CONCURSO "CARTAS A LA HUMANIDAD: la Dignidad"

Hemos empezado este Noviembre de 2018 con una hermosa novedad, el primer concurso de "Cartas A la Humanidad". En este mundo tan tecnológico en el que nos hemos olvidado de escribir cartas, no esta nada mal tener unos momentos para mandarnos unas misivas a nosotros mismos, a alguien conocido, desconocido... en fin a toda la humanidad.
¿Te atreves?
En esta primera edición el tema elegido ha sido la Dignidad. A continuación las tres cartas ganadoras, y las elegidas por el público.
Deseando que las disfrutéis y os hagan reflexionar.
Gota de Lluvia 

1º PREMIO: Yolanda  Garcia
"Nunca te había hablado de una persona que conocí años atrás.
Ella era una mujer delgada y diminuta con una sonrisa amable dibujada en su rostro. Las circunstancias en las que se encontró desde la infancia auguraban una vida un tanto desdichada e inútil. Pero algo en su interior se rebeló contra esta “anécdota”, como ella la llamaba. Desde que fue consciente de “eso” la lucha se fraguo.
Su Ser que venía del pasado remoto, -porque era así como lo sentía-, no se quería dejar arrebatar por una corriente que no era suya y que trataba de sentenciarla. Todas las mañanas se levantaba, salía al balcón de su casa: sol...; nubes y sol...: nubes solo... ¡que importaba!. Aspiraba el aire y buscaba en sus, a veces enmarañados pensamientos, una idea que le haría soñar con la mujer que desde niña aparecía dibujada en su horizonte. Y bajo esta idea, aquel dia sus dedos y su cuerpo se movían. Llevaba muchos años ensayando esta acción y lejos de convertirse en rutina la calificó de apasionante aventura.
Su ceguera hubo un tiempo que supuso una amenaza seria, es verdad, pero le había servido para orientarse... en otro sentido. Había soportado las risas o el desprecio de las gentes de su pueblo y ante ello, había encontrado la fortaleza para no dejarse derrotar.
Quería vivir, sí, pero no de cualquier manera. Descubrió que la música era su aliada en esta batalla y las notas, sus fieles amigas, la mostraban mundos que quizás no hubiera podido conocer de otra manera.
Este manantial ingrávido lavó para siempre su alma. Después sus manos se dejaron guiar para transmitir la alegría vital que bullía en su corazón y que resultaba ser contagiosa. Su pulso con el dolor, cual llama sin aceite, se fue consumiendo.
 La puerta de su casa permaneció abierta y dentro el fuego crepitante en la chimenea hacía que su hogar fuera un imán. Acudían muchos padres que necesitaban reeducar a sus hijos. Los míos también lo hicieron. Y ella, con amorosa paciencia, nos conducía sabiamente para que descubriéramos la parte más noble que todo ser humano tiene.
Muchas veces te he escuchado pedir justicia, integridad y si no lo encuentras te quejas, te desanimas o entras en depresión. Por eso hoy quería contarte esta historia, esta que es mi historia pero que sobre todo pertenece a la humanidad
Muchos como ella, anónimos o no, han dejado sus huellas permanentes y luminosas para guiarnos. Ellos dejaron de pedir y comenzaron a SER.
Hoy me preguntaba: y tu ¿quieres ser arena o dejar Huella?"

2º PREMIO: Asier Mellado

"Escucho la lluvia, golpeando los cristales de la ventana de mi habitación. Hace frío, y el mundo duerme, a excepción de mi, que escribo en la madrugada sentado hacia el escritorio y rodeado de silencio, contemplo la pared con líneas blancas y grises que tengo delante, y la mente comienza vagar sin rumbo, como un vagabundo sin hogar.
¿Qué es dignidad? ¿qué es ser digno? ¿lo seré yo? Y ¿de dónde procederá la palabra? ¿tal vez del griego, del latín? Enseguida pienso en escritores, filósofos y poetas, tratando de definir conceptos como este, y ahondando en preguntas universales como que es el amor, la verdad or la belleza. ¿Cuántos habrán llegado a pegarse un tiro al no encontrar la respuesta? ¿O a encontrarla pero no llevar sus bonitas conclusiones al terreno de la vida ordinaria?.
Muchos otros tienen más suerte y acaban en compañía del juego y la bebida o desesperados. Tal vez, de vez en cuando, algunos se encuentra con una persona despierta que irradia lucidez y como si de una estrella fugaz que se tratara, de pronto nos hicieron comprender por un momento aquello que necesitábamos saber sobre la vida y la existencia. En la mayoría de los casos uno se encuentra con personas que han eliminado estas preguntas de sus vidas. Ahora se dedican a comer hamburguesas y a comprar lo que Media Markt o El Corte Inglés dicen que hay que comprar, mientras van lentamente precipitándose al abismo. ¿Y tú qué piensas? le pregunto, curioso a una figurilla de Buda que hay en mi cuarto. Me dice que mire en mi interior. Suelo preguntarle cosas, y de vez en cuando me responde, otras no.
La verdad es que no tengo mucha idea de lo que es la dignidad, y tampoco sabría definir con exactitud su significado, aunque dicha palabra inspire y sirva como refugio desamparado, y como templo al que lleva consigo. Conservar un poco de ésta y compartirla con los demás hace que la existencia en este confuso mundo sea más soportable, y cuando no se tiene, la vida parece no tener mucho sentido. Quizás ese fuera el mensaje de Jesús o Lao Tsé. Qué no nos rayaremos tanto el cráneo con estupideces, y qué tuviéramos algo de dignidad, que nos quisiéramos un poco y qué no acumulásemos demasiadas cosas que realmente no necesitamos.
Pero como suceder con las enseñanzas más simples y sencillas, no las hemos entendido, y: a estas personas que sólo trataron de ayudarnos las tratamos como dioses o diablos. Es la historia es siempre, y todo porque no hemos entendido.
Veo la dignidad como un bonito pajarillo azul encerrado en una jaula, y que le apetece salir. El pequeño pajarillo canta y se mueve. Es simpático y adorable, pero le decimos que calle, que no llame demasiado la atención. Es entonces cuando el odio y la fealdad se manifiestan en el mundo, la realidad se distorsiona y aparecen las barreras en las personas y en sus mentes. El panorama y se
oyen los tambores, suenan las trompetas del comienzo de la batalla. Se presenta Khrisna frente a nosotros y nos pega con un garrote para que espabilemos.
Miro de nuevo la figurilla de Buda, en la cual se puede apreciar una sonrisa.
Me levanto de la silla y me acerco a la ventana para ver el paisaje. Silencio. Otra vez el infinito silencio llegando de todas partes y penetrándome. La civilización parece no existir. Ojalá pudiera ir a todos los rincones del mundo y compartir ese silencio como medicina.

El remedio del silencio lo llamaría y lo repartiría como caramelos. Así la gente no tomaría antidepresivos, ni habría suicidas, ni tanto chalado suelto. Me forraría seguro y las farmacéuticas caerían.
Mataría varios pájaros de un tiro y en medio de todo el jaleo, seguro que encontraría alguna persona coherente que me ayudara con mis dudas existenciales, y me explicara en qué consiste la dignidad.

Ahora poniéndome serio con el tema, creo que tal cosa como la dignidad, no puede reducirse a una simple definición de diccionario o a un concepto mental. No, tenemos que quitarnos esa costumbre los occidentales de querer etiquetarlo todo. Lo mejor que podemos hacer para comprender esta cualidad es tratar de comportarnos como los humanos que somos, sin fingimientos ni añadiduras innecesarias. No es necesario fingir más . Todos somos defectuosos, y reconocer nuestra miseria nos ayudará a liberarnos de ella.
¡Ahí va una enseñanza simple! ¿No estás de acuerdo, Buda? Le pregunto de nuevo. Se ríe y abre los ojos.
Me dice que mire en mi interior." 


3º PREMIO: Patricia Cochón


"Es un frío y oscuro día de otoño del año 3172. Hoy hace catorce años que he nacido y aún se me sigue recordando la familia impresionante de la cual desciendo y que no conozco en su mayor parte, pero en la que todos esperan que yo destaque. Todos quieren, al verme, que, de un momento a otro, se me ocurra la genialidad de sobresalir y ser alguien en el mundo, descubrir no sé qué cosa que arranque un «¡guau!» de sus gargantas y les haga pensar: «¡Es un ser humano!» y solicitar el carnet que así lo legitime. 
¡No sé a quién se le ocurrió la genial idea de decidir cuándo se es humano! Ya sé que se le ocurrió a la Comitiva de Esperanza para el Cuidado de la Humanidad, que sustituyó este título por la mayoría de edad, hace mil noventa y tres años, por culpa de un egoísmo desintegrador que rompía no solo países sino familias y hasta a seres humanos. ¿Es que acaso nací como animal, que no tengo capacidad de sentir lo más luminoso de un mundo sin violencia o lo más perverso de sus inconvenientes? Tengo capacidad para reflexionar y para hablar con sentido común, pero se me niega la categoría de humana hasta que no demuestre con mis actos que así lo soy. 
Estoy mal, no sé qué puedo hacer, muchos de mis compañeros ya lo han conseguido. Ya son las seis y ocho minutos del día 3 de noviembre; tengo unas ganas terribles de que no amanezca, de no encontrar miradas de lástima o de vergüenza. Pero habrá que levantarse y salir de la habitación como todos los días. Tú, con la mirada bien alta, Lucía, aprieta culo y estómago y ¡a lo tuyo! ¿Aún hay que demostrar quién eres? Tú ya lo sabes, alma de cast... 
Lucía dejó de escribir en su diario. Un fuerte ruido en la calle la hizo saltar de su cama y mirar por la ventana. Un gran árbol había salido de la nada y se veía atravesado en la calle junto a dos personas que discutían. De pronto se dio cuenta de que no podía moverse, de que todo, incluso ella, estaba inmóvil, todo excepto esas dos extrañas personas que seguían discutiendo. Por la fuerza del impulso salió despedida de costado para caer sobre el suelo de madera de su cuarto. Se levantó de inmediato, miró por la ventana: árbol y desconocidos habían desaparecido. Miró su cama, dudó de si había sido un sueño, pero con la psique aún impresionada vio su diario, lo cogió y supo de inmediato que había sido real. 
Otra vez el estruendo, pero esta vez, aunque no podía moverse, podía oír a los dos extraños: 
–No voy a dejar que lo tales –decía una voz madura y masculina.
–Me podrás llevar las veces quieras al pasado y aún así lo haré –dijo otra más joven. –Esta vez te llevaré al futuro. 
Ya podía moverse y, lo más rápido que pudo, corrió a la ventana. No había nadie. La abrió y se quedó junto a ella un buen rato, pero no pasaba nada. Comprendió que ya no volverían, tenía un terrible presentimiento. 
Se vistió a toda prisa y salió veloz de su casa. Corrió calle abajo para tomar la segunda a la derecha en dirección al Parque de los Tres Mil Años. Allí estaban los dos hombres en el lateral oriental del parque: uno que llevaba una sierra-láser de talar y que parecía desorientado, y el otro, mirando a Lucía, a la que hacía señas para que se acercase. 
Lucía se ocultó tras un hermoso ciprés; estaba asustada, atónita. En su cabeza resonaba una y otra vez: «No puede ser, no puede ser». El árbol que representaba su identidad, su fuerza y su destino estaba en peligro. Oyó que la llamaban por su nombre, dudó por un momento, pero algo mucho más grande requería de su valor. Salió haciendo frente a los desconocidos. 

–Soy Alma de Castaño. Mis padres, mis abuelos y todos mis antepasados eligieron este árbol por sus increíbles características: tiene sentimiento de eternidad por su longevidad, de grandeza por su gran estatura, de fuerza por su robusto tronco, y de rechazo con valentía de todo lo que puede dañar a lo más hermoso y bueno que cada ser contiene en su interior. Si talas este castaño, talarás mi vida –dijo mientras se acercaba decidida y miraba directamente a los ojos de su agresor. 
–Y tú, ¿quién eres? –le contestó intimidante. 
–Es la última hija de nuestro linaje, si ahora talas este castaño –dijo el mayor–. Da igual cuándo quieras talarlo, siempre habrá a quien perjudicar y tú serás uno de ellos. 
–Mi linaje no es de sangre. Desciendo del Gran Castaño, cada una de sus hojas representa un miembro de la familia Humanidad, y cada rama, una consciente responsabilidad de sostener y educar la Vida. En él la generosidad asciende desde la raíz hasta su copa. Su entrega al mundo se ve reflejada en su fruto nutritivo, que aunque es guardado con afiladas púas, se abre libremente para todo aquel que lo necesite. Así somos los decididos individuos de esta familia llamada universo. 
La sierra-láser de talar se desprendió de la mano del desconocido y cayó al suelo. Su corazón había comprendido una realidad. Así fue cómo ella demostró su humanidad, aunque solo el pasado fue su unico testigo, o quién sabe si alguien más lo fue."
PREMIOS DEL PÚBLICO
Anne Laure Bouly
"Bilbao, noviembre de 2018
Querida Humanidad:
Te escribo esta carta porque quería hablarte de una virtud real, no de una realidad virtual, que es la dignidad. Veo tu cara de sorpresa. Quizás estés pensando que es algo anticuado, que no da de comer. Pero ¿te has parado a pensar en los beneficios de la dignidad? Vamos a ver unos pocos ejemplos.
A veces has oído eso de "vivir con dignidad", aunque tengas muy poco, "morir con dignidad". ¿Qué significa?
Vivir con dignidad: aunque por fuera parezcas un fracasado, porque no cumples con los requisitos de este mundo que exigen estar guapo, a la moda, y tener dinero, por dentro tú sientes que la vida es algo más que esos criterios superficiales que te quieren imponer, y así lo vives. Si te sientes vivo, de pie, recto, y caminas, ¡eres digno amigo!, no te has dejado comer por los piojos de este mundo materialista sin valores.
¿Y qué decir del morir o caer con dignidad? Morir o caer, a todos nos pasa, pero hacerlo con dignidad marca una diferencia fundamental.
Si te caes con dignidad, no vives la caída como un rotundo fracaso en el que los demás se ríen despiadadamente de ti (o eso te parece), viendo cómo te debates en el fango. No vas a evitar que se rían algunos, pero no lo veas como una afrenta. Si miras bien, detrás de su risa hay un miedo a caer y quedar en ridículo.
Lo ridículo es un traje que te quieren poner cuando te has caído. ¡No te lo pongas! Si caes con dignidad, sabes que te vas a levantar nuevamente, y ellos se quedarán con el traje en la mano, ridículos.
En el caso de morir, te ha tocado. Bien, pero no bramas asustado como un animal salvaje, sino que lo aceptas porque en el fondo intuyes que es un final, pero no el final
de todo. Después, comenzará otro ciclo. En verdad, morir con dignidad te cambia la vida.
Ya ves Humanidad, hay mucha ventaja en vivir con dignidad, porque eso significa que vives con la certeza de que hay algo más que las apariencias, de que puede haber un mundo mejor.
Este mundo actual va a morir, ¿lo hará con dignidad? No, porque tampoco es capaz de vivir con dignidad. En tus manos está elegir el campo: la dignidad, que te recuerda quién eres, o la indecencia que te lleva al olvido.


No te voy a condenar por tu elección Humanidad, yo soy parte de ti.
Pero si la mayor parte de tus componentes eligen la indecencia, yo no voy con ellos, y sé que conmigo vendrán unos cuantos. Aunque no seamos tan numerosos, nuestras fuerzas son infinitas, porque contamos con el apoyo del mundo de las virtudes que hacen volar. Los vicios te arrastran por el suelo y te convierten en gusano. ¡Por favor Humanidad, saca tus alas de mariposa y vuela!"

Miguel Angel Antolinez
"Querida Humanidad:
Me decías en tu última carta que estás pasando por un mal momento y que tienes muchos problemas. Esto no es ninguna sorpresa, pues ya sabemos que la vida es cíclica y que después de los buenos momentos vienen los malos, y ambos debemos llevarlos de la mejor manera posible.
Me hablas de tu desánimo y estados depresivos, pues yo te pido que recuerdes tus momentos gloriosos, cuando contemplabas la vida de manera alegre y positiva. Ahora eres la misma, sólo ha cambiado tu forma de ver las cosas. Ten en cuenta que muchos problemas nos vienen por nuestra propia forma de pensar, y en nuestro pensamiento tenemos la clave para mejorar. Cuida tu pensamiento, selecciona tus lecturas, rechaza pensamientos obsesivos, busca la claridad en las ideas, y así podrás mejorar tu estado y acertar en tus decisiones.


Me hablas de sufrimiento y dolor. Pues ten por seguro que si actúas correctamente y de corazón, el sufrimiento será más suave e incluso útil para tu aprendizaje. Nacemos con todo lo necesario para ser felices, pero nuestra torpeza nos lleva a cometer errores que son la causa del dolor. Por eso, te recomiendo que te esfuerces en saber qué es lo correcto en cada caso, y qué te dice tu corazón (no tus impulsos instintivos). No renuncies a tu inteligencia, úsala al máximo, y te ahorrarás muchos sufrimientos.
Debes tener en cuenta que somos parte de la Naturaleza y que, por tanto, todo cuanto nos suceda será natural. Pero la cuestión es saber qué lugar ocupamos en esa Naturaleza. Si miras al cielo en una noche estrellada y contemplas la inmensidad del firmamento, con millones y millones de estrellas, cada una de ellas un sistema solar parecido al nuestro, te darás cuenta de lo pequeños que somos, una partícula microscópica, un granito de arena en el desierto. Por eso debemos aprender a ser humildes y a no darnos tanta importancia, ¿qué somos, realmente, dentro de este gigantesco Universo en el que nos encontramos? La respuesta es una gran paradoja: Somos algo muy pequeño, pero a la vez muy grande, porque, a diferencia de los animales y las bestias, nosotros tenemos la capacidad de contemplar la maravillosa obra del Creador, todo cuanto nos rodea y forma parte de este mundo que nos encontramos cuando vinimos a él.
Todo nos fue dado cuando llegamos a este mundo, nuestro cuerpo, nuestra energía, nuestra capacidad de sentir y de pensar. Todo ha sido un regalo, y aunque algún día tendremos que devolverlo, es bueno estar agradecidos mientras disponemos de él. Y no es bueno que te lamentes y manifiestes quejas, a no ser dirigidas hacia ti misma, pues la situación en la que te hallas es el resultado de lo que has ido creando poco a poco en tu mente, y es justo en tu mente donde tienes tu principal quehacer.
Cuando te sientas humillada y herida responde con amor, pues con odio y violencia, no solucionas nada. Trata de ser juta, y recuerda que es preferible
sufrir una injusticia a cometerla. Saca de tu interior lo mejor de ti misma y aportar bondad allí donde te encuentres.
Mantén la serenidad, sobre todo en los momentos difíciles, y no ceses en tu firme propósito de mejorar, más allá de tus estados de ánimo, que, como, sabes son temporales y cambiantes. Mira hacia el futuro con esperanza, pues finalmente, de la misma forma que cada mañana el Sol sale por el horizonte, dando luz, calor y vida, el Bien reinará en el mundo.
A la espera de tus noticias, recibe un cariñoso saludo y un fuerte abrazo."